martes, 3 de diciembre de 2013

La dama muerta ¿Elvira o diablo?


Esta entrada tiene como objeto discutir si la dama muerta que aparece en la parte cuarta de la obra El estudiante de Salamanca de José de Espronceda es su protagonista femenina Elvira o el diablo. En mi opinión, el espectro aparecido se trata de Elvira o al menos de su representación y así trataré de defenderlo.

El estudiante de Salamanca de José de Espronceda ha sido relacionado con la obra de Matthew Lewis, escritor gótico británico de finales del siglo XVIII y principios del XIX, The Monk.

En esta obra su protagonista Raymond trata de huir del Castillo de Lindenberg con su amada disfrazada de un espectro que suele aparecerse en el castillo y a la que le promete su amor durante la huida. Sufren un accidente y Raymond piensa que su amada, desaparecida, ha muerto. Sin embargo, su amada sigue viva y la mujer a la que se llevó en su escapada era en realidad el verdadero espectro aparecido de la monja. Estando en cama trata de recuperarse de las heridas sufridas y recibe la visita de un visitante de media noche (“midnight Visitor,”), el espectro de the Bleeding Nun. Este espectro entra en su habitación, se acerca a su cama y tras subirse el velo se descubre su cadavérica imagen. El personaje de Raymond lo describe así:

Her countenance was long and haggard; Her cheeks and lips were bloodless; The paleness of death was spread over her features, and her eye-balls fixed stedfastly upon me were lustreless and hollow.

Aunque la descripción de la dama en Espronceda difiere un poco, la sensación que el lector recibe es la misma:

"Y ella entonces gritó: ¡Mi esposo! Y era
(¡desengaño fatal!, ¡triste verdad!)
una sórdida, horrible calavera, 
la blanca dama del gallardo andar..."

"Y elevando sus áridas manos,
resonando cual lúgubre eco,
levantóse con su cóncavo hueco
semejante a un aullido una voz:"

"y a su mejilla
la árida, descarnada y amarilla
junta y refriega repugnante faz."

De la misma forma que the Bleeding Nun busca un beso de Raymond, el espectro de El estudiante de Salamanca  también busca un beso de su protagonista. Lewis lo describe de una forma mucho más escueta: 

"[the Bleeding Nun] press[es] her cold lips”

y Espronceda se recrea en una descripción algo más detallada: 

"y con su boca cavernosa busca
la boca a Montemar [. . .]."


Otro aspecto que ayuda a vislumbrar la influencia del relato de Lewis sobre Espronceda es la relación que en ambos relatos existe entre la sangre caliente/fría y la vida/muerte.

En Lewis:

"I gazed upon the Spectre with horror too great to be described.  My blood was frozen in my veins. I would have called for aid, but the sound expired, ere it could pass my lips.  My nerves were bound up in impotence, and I remained in the same attitude inanimate as a Statue."

En Espronceda:

"galvánica, cruel, nerviosa y fría,
histérica y horrible sensación
¡toda la sangre coagulada envía
agolpada y helada al corazón!..."

Finalmente, ambos espectros en voces sepulcrales reclaman a los protagonistas como suyos:

The Bleeding Nun grita "Raymond! Raymond! Thou art mine! [...] Mine thy body! Mine thy soul!", el espectro de Espronceda dice: "¡Mi esposo!"

En el relato de Lewis encontramos la presencia tanto de este espectro como del diablo, pero por separado. Esto nos hace pensar en que el espectro de Espronceda de la misma forma está separado del diablo.

Podemos además observar numerosos indicios que indican que el espectro se corresponde sino con el espíritu mismo de Elvira al menos con su representación. Por ejemplo en la descripción del Elvira cuando está llorando por el amor de Montemar se dice de ella:

"Blanco es su vestido, ondea
suelto el cabello a la espalda.
Hoja tras hoja las flores
que lleva en su mano, arranca."

Y del espectro:

"Palpa en torno de sí, y el impío jura,
y a mover vuelve la atrevida planta,
cuando hacia él fatídica figura,
envuelta en blancas ropas, se adelanta."

"Al pronunciar tan insolente ultraje
la lámpara del Cristo se encendió:
y una mujer velada en blanco traje,
ante la imagen de rodillas vio."

"Su forma gallarda dibuja en las sombras
el blanco ropaje que ondeante se ve,
y cual si pisara mullidas alfombras,
deslízase leve sin ruido su pie."

El mismo espectro refleja el dolor padecido por Elvira:

"Mientras él anda, al parecer se alejan
la luz, la imagen, la devota dama,
mas si él se para, de moverse dejan:
y lágrima tras lágrima, derrama"

"gemido de amargo recuerdo pasado,
de pena presente, de incierto pesar"

"Fúnebre
llanto
de amor,
óyese
en tanto
en son."

Del mismo modo, muchas estrofas parecen indicar que se trata de Elvira que vuelve a reclamar el amor prometido:

"Empero un momento creyó que veía
un rostro que vagos recuerdos quizá,
y alegres memorias confusas, traía
de tiempos mejores que pasaron ya."

"«Para mí los amores acabaron:
todo en el mundo para mí acabó:
los lazos que a la tierra me ligaron,
el cielo para siempre desató»,
dijo su acento misterioso y tierno,
que de otros mundos la ilusión traía,
eco de los que ya reposo eterno
gozan en paz bajo la tumba fría."

"¡Es esposo!, su los ecos retumbaron,
¡La esposa al fin que su consorte halló! .
Los espectros con júbilo gritaron:
¡Es el esposo de su eterno amor!"

"se acerca y le dice, su diestra tendida,
que impávido estrecha también Montemar:
-Al fin la palabra que disteis, cumplida;
doña Elvira, vedla, vuestra esposa es ya."

Al final de la obra de Lewis el diablo en persona hace su aparición para reclamar el alma del personaje maligno de la historia. Del mismo modo, podría interpretarse que el diablo aparece para reclamar el alma de Montemar y que el espectro que aparece es una artimaña del diablo, ya que Elvira ha ascendido al cielo (no sabemos si cristiano o no). En cualquier caso, podríamos decir que el diablo hace su aparición y que el espectro es, al menos, la representación de Elvira.

lunes, 25 de noviembre de 2013

La nochebuena de 1836

La nochebuena de 1836 es un artículo de Mariano José de Larra publicado en El Redactor General el 26 de diciembre de 1836. En él, se narra el supuesto día 24 de Larra de ese mismo mes y año. Me centraré en el aspecto fantástico que Larra imprime a un suceso en principio completamente natural y real (su criado se emborracha):

"Me entré de rondón a mi estancia; pero el cuerpo me siguió con un rumor sordo e interrumpido; una vez dentro los dos, su aliento desigual y sus movimientos violentos apagaron la luz; una bocanada de aire colada por la puerta al abrirme cerró la de mi habitación, y quedamos dentro casi a oscuras yo y mi criado, es decir, la verdad y Fígaro, aquélla en figura de hombre beodo arrimada a los pies de mi cama para no vacilar y yo a su cabecera, buscando inútilmente un fósforo que nos iluminase.
Dos ojos brillaban como dos llamas fatídicas en frente de mí; no sé por qué misterio mi criado encontró entonces, y de repente, voz y palabras, y habló y raciocinó; misterios más raros se han visto acreditados; los fabulistas hacen hablar a los animales, ¿por qué no he de hacer yo hablar a mi criado? Oradores conozco yo de quienes hace algún tiempo no hubiera hecho una pintura más favorable que de mi astur y que han roto sin embargo a hablar, y los oye el mundo y los escucha, y nadie se admira."

En este fragmento Larra dota de un carácter fantástico y misterioso a su criado. Una escena tan corriente como pudiera ser un criado borracho con su señor en una estancia, se convierte en un lugar apenas iluminado, donde el aire cierra las puertas a su antojo. El criado se convierte en un "cuerpo" con ojos como "llamas fatídicas", cuerpo del que misteriosamente salen "voz y palabras"
Este cuerpo que habla se dirige a Larra para mostrarle la "verdad", y este último al no querer escucharlo se dirige al criado primero en un tono real "Silencio, hombre borracho." para después pasar de nuevo a la fantasía "Por piedad, déjame, voz del infierno."



Finalmente, será el propio Larra el que admita este tono de irrealidad del que ha dotado a la historia:

"En fin, yo cuento un hecho; tal me ha pasado; yo no escribo para los que dudan de mi veracidad; el que no quiera creerme puede doblar la hoja, eso se ahorrará tal vez de fastidio; pero una voz salió de mi criado, y entre ella y la mía se estableció el siguiente diálogo"

domingo, 24 de noviembre de 2013

El aparecido

El fragmento que he seleccionado fue publicado en La Mariposa en 1839 como parte del relato El aparecido, sin firma. El párrafo en cuestión es el siguiente:


"Algún tiempo después corrió la voz de que se veía, a deshora de la noche, a un espectro que vagaba en derredor de la casa del difunto señor, y había quien afirmaba haber oído salir de ella un ruido confuso, por entre el que se distinguía una risa tan aguda y satánica que temblaban los vidrios y saltaban los muebles con horroroso estrépito. Las rejas de hierro que circundaban el jardín se encontraban abiertas al día siguiente, sin que nadie hubiese pasado por allí.
Este trastorno sobrenatural se extendió también a las cuadras del muerto, de manera que los caballos aparecía  siempre cubiertos de espuma y sudorosos como sí hubiesen caminado toda la noche; y, sin embargo, podía asegurarse que no había sido así, tal era el ruido de coces y relinchos que se les había oído. Hasta los perros de la casa aullaban y daban ladridos, los más extraordinarios y espantosos."



Podemos apreciar varios elementos muy característicos de la literatura fantástica del romanticismo. Por un lado se juega con la línea que separa lo real de lo imaginario mediante el uso de lo que se conoce como "habladurías", con frases como corrió la voz había quien afirmaba. Esto favorece esa atmósfera misteriosa propia de esta literatura, que se incrementa situando la acción normalmente de noche "a deshora de la noche", "toda la noche".

Otra característica que podemos encontrar es la presencia de la muerte relacionada con lo fantástico: espectro, difunto señor. El difunto aparecerá como si estuviese vivo realizando tareas propias de estarlo. Tras estas apariciones el pueblo se sumerge en un ambiente sobrenatural que dota al relato de otra característica de esta literatura romántica y la manifestación de la muerte no como algo divino sino como algo diabólico.