sábado, 30 de agosto de 2014

De la realidad a la fantasía en el Don Juan Tenorio de Zorrilla

Con esta entrada se pretenden analizar las reacciones de Don Juan ante la aparición del elemento fantástico en el relato. Estas reacciones pueden asimilarse a las reacciones que el lector de la época podría tener. Dividiremos estas reacciones en tres fases: negación, duda o vacilación y aceptación.

Fase 1: negación

Para ilustrar esta fase hemos seleccionado el siguiente fragmento:

"DON JUAN, embozado y distraído, entra en la escena lentamente
[…]
Dudo..., temo..., vacilo.... en mi cabeza
siento arder un volcán.... muevo la planta
sin voluntad, y humilla mi grandeza
un no sé qué de grande que me espanta. 3615
(Un momento de pausa.)
¡Jamás mi orgullo concibió que hubiere
nada más que el valor...! Que se aniquila
el alma con el cuerpo cuando muere
creí..., mas hoy mi corazón vacila.
¡Jamás creí en fantasmas...! ¡Desvaríos! 3620"

Don Juan niega la posibilidad de cualquier vida más allá de la muerte y además se intercala la primera pequeña duda "mi corazón vacila".

Fase 2: duda o vacilación

"Mas del fantasma aquel, pese a mi aliento,
los pies de piedra caminando siento,
por doquiera que voy, tras de los míos.
¡Oh! Y me trae a este sitio irresistible,
misterioso poder...
(Levanta la cabeza y ve que no está en su pedestal la estatua de DON
GONZALO.)
¡Pero qué veo! 3625
¡Falta de allí su estatua...! Sueño horrible,
déjame de una vez... No, no te creo.
Sal, huye de mi mente fascinada,
fatídica ilusión..., estás en vano
con pueriles asombros empeñada 3630
en agotar mi aliento sobrehumano.
Si todo es ilusión, mentido sueño,
nadie me ha de aterrar con trampantojos;
si es realidad, querer es necio empeño
aplacar de los cielos los enojos. 3635
No: sueño o realidad, del todo anhelo
vencerle o que me venza; y si piadoso
busca tal vez mi corazón el cielo,
que le busque más franco y generoso."


En este pequeño fragmento nuestro protagonista comienza a dudar ya que a pesar de la rotunda negación ya mostrada siente una presencia que no puede evitar. Al observar que la estatua no se encuentra sobre el pedestal su duda se incrementa llegando incluso a dudar de si, en realidad, está soñando.
 


Fase 3: aceptación

"La efigie de esa tumba me ha invitado
a venir a buscar prueba más cierta
de la verdad en que dudé obstinado...
Heme aquí, pues comendador, despierta."


 Finalmente Don Juan acepta la presencia de lo fantástico en el momento en el que decide enfrentarse a Don Gonzalo.

El escenario fantástico en el Don Juan Tenorio de Zorrilla

Podría decirse que el escenario es un agente vivo y activo de lo fantástico, no solo forma parte sino que es un elemento fundamental. En Don Juan Tenorio Zorrilla emplea este elemento para propiciar la aparición de lo fantástico, de este modo, en el acto primero de la segunda parte leemos:

 "Panteón de la lamilia Tenorio.-El teatro representa un magnífico
cementerio, hermoseado a manera de jardín. En primer término,
aislados y de bulto, los sepulcros de don Gonzalo Ulloa, de doña Inés
y de don Luis Mejía, sobre los cuales se ven sus estatuas de piedra. El
sepulcro de don Gonzalo a la derecha, y su estatua de rodillas; el de
don Luis a la izquierda, y su estatua también de rodillas; el de
doña Inés en el centro, y su estatua de pie. En segundo término otros
dos sepulcros en la forma que convenga; y en el tercer término y en
puesto elevado, el sepulcro y estatua del fundador don Diego Tenorio,
en cuya figura remata la perspectiva de los sepulcros. Una pared
llena de nichos y lápidas circuye el cuadro hasta el horizonte. Dos
llorones a cada lado de la tumba de doña Inés, dispuestos a servir de
la manera que a su tiempo exige el juego escénico. Cipreses y flores
de todas clases embellecen la decoración, que no debe tener nada de
horrible. La acción se supone en una tranquila noche de verano, y
alumbrada por una clarísima luna"



   Lo primero que llama nuestra atención es el emplazamiento: un cementerio. Es de sobra conocida que en este lugar la línea que separa lo vivo de lo muerto se difumina. Así, al seleccionar este lugar el autor da pistas al lector de que lo que va a suceder se encuentra, al menos, en esa delgada línea.

   Otro elemento que ya hemos comentado en otras entradas es el momento del día en el que tiene lugar la escena: la noche. Durante la noche suele ocurrir todos los sucesos sobrenaturales. Además, no es una noche de verano cualquiera sino una alumbrada por la luna de forma que se propician los juegos de luces y sombras que nos hacen confundir lo real y lo fantástico.

 Además, este fragmento es un preciado ejemplo que muestra la descripción minuciosa del autor que servirá para determinar los elementos que han de aparecer en el escenario: sepulcros, nichos y lápidas, tumba, y su situación. 


   Podemos concluir que este fragmento es un brillante ejemplo de la concepción romántica de lo fantástico y su puesta en escena.

Doña Elvira en El estudiante de Salamanca.

Doña Elvira es el prototipo de mujer romántica:

"Bella y más segura que el azul del cielo
con dulces ojos lánguidos y hermosos,
donde acaso ela mor brilló entre el velo
delpudor que los cubre candorosos;
tímida estrella que refleja al suelo
rayos de luz brillante y dudosos,
ángel puro de amor que amor inspira,
fue la inocente y desdichada Elvira"

Así nos presenta Espronceda a la protagonista de El estudiante de Salamanca: bella, de ojos lánguidos, tímida pura e inocente, sumisa a la voluntad del hombre.

Don Felix la engañó seduciéndola con caricias, besos y palabras de amor. Ella creía que ese placer sería eterno, depositó el sentido de su vida en él, en el que confiaba ciegamente, pero al darse cuenta del engaño y del abandono por parte del dios  del que estaba enamorada, Elvira perdió la ilusión, la felicidad. Su dolor es insoportable, se siente un juguete roto, usado y abandonado y termina por perder la cordura, ya que mantener el juicio sería aún más doloroso.


"Son ilusiones que fueron:
Recuerdos ¡ay! que te engañan,
sombras del bien que pasó...
Ya te olvidó el que te amas..."

Ahora se siente melancólica y busca en la noche el refugio a su dolor. Camina de noche con flores en la mano, que va arrancando, como símbolo de la felicidad perdida y preludio de su muerte. Ella al igual que Ofelia, recoge flores  en su desvarío y canta y las echa en el río, viendo cómo se las va llevando la corriente, igual que sabe que su vida, a pesar de ser tan joven, también se está yendo.

Se deja morir, pero antes escribe una carta de amor despidiéndose del amor de su vida, deseándole lo mejor , y deseando que su infelicidad no sea motivo de turbación para él. Es el amor elevado al infinito, porque ella sabe que solo con la muerte, el amor que aún que arde en su pecho y que nunca podrá ser correspondido, podrá ser sofocado. Su vida sin él no tiene valor ninguno, la única salida es la muerte, la nada:


"¡Ya todo huyó, desapareció contigo!"







El estudiante de Salamanca.

El estudiante de Salamanca, es el gran poema sobre la vida y muerte de José de Espronceda. La obra está situada en un escenario y un ambiente típicamente romántico desde un principio:

 "Era más de media noche,
antiguas historias cuentan,
cuando en sueño y en silencio
lóbrego envuelta la tierra,
los vivos muetos parecen,
los muertos la tumba dejan."

El protagonista nos recuerda mucho al típico Don Juan: mujeriego, jugador, sin escrúpulos, que solo cree en la vida presente, sin miedo a nada ni a nadie. Pero a partir de la parte cuarta, con la aparición de la extraña dama, es cuando la historia enlaza con el pricnipio y comienza a cobrar verdadero interés:

"Los ojos de Montemar fijos en ella,
con más asombro que temor la mira;
tal vez la juzga vagorosa estrella
que en el espacio de los cielo gira."

En este momento es cuando comienza a producirse un desplazamiento desde el plano real al fantástico. Él está dispuesto a gozarla, e intenta convencer a esta extraña mujer de que se ha enamorado de ella, y de que deben disfrutar del momento, porque él no cree más que en el presente. La mujer a pesar de mostrarse reticente, al final acepta las peticiones del caballero. 

Una vez que el galán comienza a caminar detrás de ella, ya ha habido un desplazamiento hacia el plano fantástico. Salamanca de repente se convierte antes sus ojos, para después, de golpe, volver a reconocer dónde está:

"y ve fantásticas torres
de su eterno pedestal
arrarcarse, y sus macizas
negras masas caminar,
apoyándose en sus ángulos
que en la tierra, en desigual, 
perezosos  troncos fijan;
[...]
en derredor cien espectros
danzan con torpe compás:
y las veletas sus frentes
bajan ante él al pasar,
los espectros le saludan,
y en cien lenguas de metal,
oye su nombre en los ecos
de las camapanas sonar."

Pero a medidas que avanzamos en la historia, a cada hecho extraño que va viviendo el protagonista, va a ir dándole una explicación racional, porque él vive con extrañeza esos hechos maravillosos y no de manera natural, es decir, en un solo plano:

"¡Vive Dios!, dice entre sí,
oSatanás se chancea,
o no debo estar en mí
o el málaga que bebí
en mi cabeza humea."

Impresionante, sin duda alguna, es la bajada de Montemar por la escalera de mármol negro de manera vertiginosa a los abismos. En ese viaje pasa ante él toda la vida, hasta que quedándose sin sentido, para este descenso, descenso a otro mundo, a los infiernos. Los lamentos y la espiral interminable recuerdan mucho al segundo círculo infernal de la Divina Comedia de Dante.

"Y algaraza y gritería,
crujir de afilados huesos,
rechuinamiento de dientes
y retemblar los cimientos,
y en pavoroso estallido
las losas del pavimento
separando sus junturas
irse poco a poco abriendo,
siente Montemar, y el ruido
más cerca crece, y a un tiempo
escucha chocarse cráneos,
ya descarnados y secos,
temblar en torno la tierra,
bramar combativos vientos,
rugir las airadas olas,
estallas el ronco trueno,
exhalar trstes quejidos
y prorrumpir en lamentosdo mezclado y diverso.
todo en furios armonía,
todoe n frenético estruendo,
todo en confuso trstorno,
todo mezcaldo y diverso"


La muerte es quien ha  hecho descender a don Felix al infierno, y con quien se ha casado , ya que como dice el poema, del alma de Doña Elvira: 

"Y huyó su alma a la mansión dichosa,
do los ángeles moran[...] "

Como en ningún momento se ha arrepentido de la vida pecaminosa que ha llevado, es castigado por sus pecados, pero sobre todo por su rebeldía ante la conversión, triunfando en este caso el mal sobre el bien.


lunes, 25 de agosto de 2014

LA NOCHE BUENA DE 1836.

La Nochebuena de 1836. Yo y mi criado. Delirio filosófico, es un artículo de Mariano José de Larra, publicado en El Redactor General, nº 42, a 26 de diciembre de 1836.

  Este artículo está basado  en la costumbre de las saturnales romanas, celebradas del día 17 al 23 de diciembre, tiempo en el que los campesinos y los esclavos domésticos descansaban. A ellos, durante estas fiestas, se les permitía decir la verdad a sus amos. Esta fiesta parece ser que fue siendo sustituida, una vez que los Cristianos llegaron al poder, por nuestra actual Navidad, a la que le quedaron  vestigios de la antigua tradición pagana.

 "Dos ojos brillaban como dos llamas fatídicas en frente de mí; no sé por qué misterio mi criado encontró entonces, y de repente, voz y palabras, y habló y raciocinó; misterios más raros se han visto acreditados; los fabulistas hacen hablar a los animales, ¿por qué no he de hacer yo hablar a mi criado? Oradores conozco yo de quienes hace algún tiempo no hubiera hecho una pintura más favorable que de mi astur y que han roto sin embargo a hablar, y los oye el mundo y los escucha, y nadie se admira.[...]


–Lástima –dijo la voz, repitiendo mi piadosa exclamación–. ¿Y por qué me has de tener lástima, escritor? Yo a ti, ya lo entiendo.


–¿Tú a mí? –pregunté sobrecogido ya por un terror supersticioso; y es que la voz empezaba a decir verdad."
  
El artículo desde un principio está bajo la sombra de la superstición. La verdad, que duele, le va a ser revelada al amo, a todos nosotros, porque lo que se nos descubre a través de esa "voz del infierno", no es mas que  la maldad del ser humano, su insensatez ycontradicciones. 

Una fiesta espiritual como es la del 24 de diciembre, se ha reducido a un puro consumismo de todo lo consumible. Todos intentan aparentar que son felices a ojos de los demás, pero la realidad íntima del ser humano es bien diferente, ya que la angustia es parte de nuestro ser.

El astur, un hombre servil y llano, comienza a decir la verdad. El amo, que se siente superior a él, manda a callar a un hombre borracho que dice lo que piensa:

 "-Escucha: tú vienes triste como de costumbre; yo estoy más alegre que suelo. ¿Por qué ese color pálido, ese rostro deshecho, esas hondas y verdes ojeras que ilumino con mi luz al abrirte todas las noches? ¿Por qué esa distracción constante y esas palabras vagas e interrumpidas de que sorprendo todos los días fragmentos errantes sobre tus labios?
 –Silencio, hombre borracho."

 Pero poco a poco, el discurso alcanza tal profundidad, que el criado parece haber sido poseído por algún ser de las tinieblas, capaz de entrar en la cabeza del amo y en su corazón, hasta el punto de que el  miedo y la desesperación se apoderan del amo:

"Tú buscas la felicidad en el corazón humano, y para eso le destrozas, hozando en él, como quien remueve la tierra en busca de un tesoro. Yo nada busco, y el desengaño no me espera a la vuelta de la esperanza[...] Confías tu tesoro a cualquiera por su linda cara, y crees porque quieres; y si mañana tu tesoro desaparece, llamas ladrón al depositario, debiendo llamarte imprudente y necio a ti mismo.
–Por piedad, déjame, voz del infierno.
 [...]Ten lástima ahora del pobre asturiano. Tú me mandas, pero no te mandas a ti mismo. Tenme lástima, literato. Yo estoy ebrio de vino, es verdad; pero tú lo estás de deseos y de impotencia..
  Un ronco sonido terminó el diálogo; el cuerpo, cansado del esfuerzo, había caído al suelo; el órgano de la Providencia había callado, y el asturiano roncaba. «¡Ahora te conozco –exclamé– día 24!"


 Es un relato fantástico, porque el propio autor nos situa en dos planos, el de la realidad y el de la ficción. A pesar de querer darlo por cierto, sabe que los demás lo van a vivir con extrañeza, y por eso hace la siguiente advertencia:

"En fin, yo cuento un hecho; tal me ha pasado; yo no escribo para los que dudan de mi veracidad; el que no quiera creerme puede doblar la hoja, eso se ahorrará tal vez de fastidio; pero una voz salió de mi criado, y entre ella y la mía se estableció el siguiente diálogo."

Quizás, como dice el título, solo fueran delirios de un filósofo, harto de ese tipo de vida vacía, donde la apariencias son mas importantes que la realidad.



domingo, 24 de agosto de 2014

DON JUAN Y LAS COMEDIAS DE MAGIA.




La comedia de magia fue un género dramático muy popular en el siglo XVIII. En ellas se hacía uso de muchos recursos escenográficos, cambios de escenas, uso de bastidores, de música y luces, etc.

En la obra, podemos ver como el autor en las acotaciones alude a algunos de estos recursos, sobre todo en la parte segunda, ya que la primera tiene los ingredientes típicos de las comedias de capa y espada, de  ritmo muy rápido, y con constantes cambios de escenario. 

El ritmo de la segunda es mas lento y se cambia menos veces de escenario. En ella  ya no nos encontramos en una casa o en la calle, sino en un panteón, espacio típico del romanticismo:

"Panteón de la familia Tenorio. El teatro representa un magnífico cementerio, hermoseado a manera de jardín. En primer término, aislados y de bulto, los sepulcros de DON GONZALO de Ulloa, de DOÑA INÉS y de DON LUIS Mejía, sobre los cuales se ven sus estatuas de piedra. El sepulcro de DON GONZALO a la derecha, y su estatua de rodillas; el de DON LUIS a la izquierda, y su estatua también de rodillas; el de DOÑA INÉS en el centro, y su estatua al pie. En segundo término otros dos sepulcros en la forma que convenga; y en tercer término y en puesto elevado el sepulcro y la estatua del fundador, DON DIEGO Tenorio, en cuya figura remata la perspectiva de los sepulcros. Una pared llena de nichos y lápidas circuye el cuadro hasta el horizonte. Dos llorones a cada lado de la tumba de doña Inés, dispuestos a servir de la manera que a su tiempo exige el juego escénico. Cipreses y flores de todas clases embellecen la decoración, que no debe tener nada horrible. La acción se supone en una tranquila noche de verano, y alumbrada por una clarísima luna."

En la escena III del acto primero de la segunda parte,  nos encontramos con  recursos habituales de las comedias de magia:

"Se apoya en el sepulcro, ocultando el rostro; y mientras se conserva en esta postura, un vapor que se levanta del sepulcro oculta la estatua de DOÑA INÉS. Cuando el vapor se desvanece, la estatua ha desaparecido. DON JUAN sale de su enajenamiento."

En la escena IV los sauces llorones pintados en el telón y las flores  dejan paso a la figura de doña Inés que aparecerá en forma de sombra, ayudada de luces.

"DON JUAN y la SOMBRA de doña Inés. El llorón y las flores de la izquierda del sepulcro de DOÑA INÉS se cambian en una apariencia, dejando ver dentro de ella, y en medio de resplandores, la SOMBRA de doña Inés."

Cuando doña Inés acaba de darle el mensaje, su sombra desaparece,para ello se le deja de dar luz:

"Se cierra la apariencia; desaparece DOÑA INÉS, y todo queda como al principio del acto, menos la estatua de DOÑA INÉS, que no vuelve a su lugar. DON JUAN queda atónito."

Una vez que el Tenorio está en su casa, después de haber invitado a don Gonzalo a cenar, al final de la escena I del acto segundo, nos encontramos con la siguiente acotación:

La ESTATUA de don Gonzalo pasa por la puerta, sin abrirla y sin hacer ruido."

Y al  final de le escena II

"Desaparece la ESTATUA sumiéndose por la pared."

Desde mi punto de vista, el efecto más al gusto de las comedias de magia y del exaltado romanticismo, se encuentra en  el recursos escenográfico final: 

"Las flores se abren y dan paso a varios angelitos, que rodean a DOÑA INÉS y a DON JUAN, derramando sobre ellos flores y perfumes, y al son de una música dulce y lejana, se ilumina el teatro con luz de aurora. DOÑA INÉS cae sobre un lecho de flores, que quedará a la vista, en lugar de su tumba, que desaparece."


"Cae DON JUAN a los pies de DOÑA INÉS, y mueren ambos. De sus bocas salen sus almas, representadas en dos brillantes llamas que se pierden en el espacio al son de la música. Cae el telón."

Aunque no es una comedia propiamente de magia, sí que utilizó algunos recursos de las mismas, y es cierto que aunque hoy lo veamos un poco exagerado, hay que tener en cuenta que en aquella época estaban de moda y era muy del gusto del público los diálogos, los gestos y estos efectos.


 




DON JUAN TENORIO, UN DRAMA RELIGIOSO-FANTÁSTICO.





Este fragmento pertenece a la escena IV, del acto primero, de la segunda parte de la obra Don Juan Tenorio, de José Zorilla.  Han pasado cinco años desde que  don Juan tuvo que huir de Sevilla, tras aquella fatídica noche de engaños, raptos y asesinatos, y al  volver se encuentra con la terrible sorpresa de que su amada doña Inés ha fallecido. Mientras está en el panteón familiar, aparece la sombra de doña Inés:





 SOMBRA:    No; mi espíritu, don Juan,

                      te aguardó en mi sepultura.

JUAN:           (De rodillas.)
                      Doña Inés. Sombra querida,
                      alma de mi corazón,
                      ¡no me quites la razón
                      si me has de dejar la vida!
                      Si eres imagen fingida,
                      solo hija de mi locura,
                      no aumentes mi desventura
                      burlando mi loco afán.

Estamos ante un drama fantástico, porque el personaje manifiesta extrañeza ante la situación anómala que vive, cuestionándola y buscando una explicación racional, en este caso su propia locura, a causa del  dolor que le provoca haber descubierto, que el único ser al que ha amado y por el que se ha sentido amado ha desaparecido por su culpa.Todas las apariciones que van teniendo lugar, las va a ir  justificando: son producto de la locura, son parte de una broma, está soñando, son ilusiones o engaños, o que es parte de una venganza.

Desde mi punto de vista, es una obra con una finalidad didáctica moral religiosa. Don Juan es un personaje que piensa que la única vida que existe es la terrenal. Lo vive todo de manera extrema, porque está convencido de que sus actos no van a tener castigo ya que  no existe nada más que el presente. 

Juan: Mas yo, que no creo que haya
         mas gloria que esta mortal,
         no hago mucho en brindis tal;
         mas por complaceros, ¡vaya!
         Y brindo a Dios que te dé 
         la gloria, comendador.



Todas las apariciones, tienen como finalidad ir preparando el terreno, para darle la oportunidad a don Juan de que se arrepienta de  la vida de libertinaje que ha llevado. Todas están justificadas desde un punto de vista religioso. No aparecen seres cuyo propósito no sea el de ayudar al pecador a darse cuenta de que existe otra vida, y de que Dios está dispuesto a perdonar incluso en el último momento, a pesar de todas las atrocidades que haya cometido. 



Es un mensaje claro al pueblo con un contraejemplo, de que la oportunidad de convertirse y escoger el camino correcto está ahí sea la situación que sea. Si el arrepentimiento es verdadero, la salvación está asegurada.

 
  















lunes, 18 de agosto de 2014

EL APARECIDO





A diferencia de la literatura de lo maravilloso, prácticamente inexistente en España en el siglo XIX, donde  las situaciones anómalas vividas no se cuestionan porque solo existe un plano, en la literatura fantástica nos encontramos con dos.

En este caso, nos encontramos ante un cuento fantástico, porque el narrador manifiesta extrañeza, ante una serie de situaciones anómalas que va a ir justificando de un modo u otro. 

Es una literatura perseguida en España, porque va en contra de la moral católica, por eso, el narrador (el autor), nunca se hace responsable  de lo que cuenta, hasta tal punto es así, que ni siquiera fue firmado al publicarse en La Mariposa en 1839.

El autor para alejarse de la historia y eludir la responsabilidad de la misma, a parte de lo dicho ut supra, crea a  un primer narrador, quien deja testigo de la historia relatada por otro narrador, un anciano del lugar que sabía la historia, y usa fórmulas como: 

"Algún tiempo después corrió la voz de que se veía, a deshora un espectro[...]", "Un judío decía que había tenido una lucha terrible con él[...]" o "Una criada vieja que guardaba el edificio y el hortelano aseguraban que habían oído a alguno subir y bajar las escaleras a caballo."  

Una de las razones principales es el peso de la Inquisición. Este es el motivo de que un cuento en principio  fantástico, a causa de tener que ir justificando lo extraño racionalmente, pierda fuerza:

"...Se dio parte a la Inquisición, y cuatro familiares de ella se constituyeron en la ciudad, determinando que lo primero se averiguase si el señor de la vivienda había muerto en efecto[...] El tribunal de la Inquisición lo condenó a ser quemado."


Sobre el tema de los vampiros y las apariciones de espíritus,  solo existe en español una reflexión crítica del padre Feijoo en la Carta XX, del tomo IV de sus Cartas eruditas y curiosas. En ella expone, que en ciertos lugares como Hungría o Polonia, los vampiros tienen leyendas muy arraigadas, según Feijoo, fruto de la superstición del pueblo y no de la razón:

"[...] Algún embustero inventó esa patraña: otros le siguieron, y la esparcieron. Esparcida, inspiró un gran terror a las gentes. Aterrados los ánimos, no pensaban en otra cosa, sino en si venía algún Vampiro a chuparles la sangre, o torcerles el pescuezo; y puestos en ese estado, cualquiera estrépito nocturno, cualquiera indisposición, que les sobreviniese, atribuían a la malignidad de algún Vampiro. Supongo que algunos, y no pocos, advertidamente inventaban, y referían historias de Vampiros, dándose por testigos oculares de los hechos. [...]"

Se podría deducir, que todo lo ocurrido no es más que el castigo dado al protagonista por los grandes pecados  cometidos durante su vida y confesados por él al principio de la historia:


"Son muy grandes mis pecados, y Dios no me los perdonará jamás!..."

De esta manera, se justifica cualquier situación extraña, puesto que  la religión cristiana sí que concibe casos de posesiones por el diablo, de resurrecciones y castigos divinos.


Desde mi punto de vista, es bastante atractiva la ambigüedad con la que se relata la historia ¿sería un caso de posesión, un vampiro en toda regla a pesar de las trabas, un espíritu angustiado por los pecados, una historia fruto de la ignorancia y del miedo...?