lunes, 25 de agosto de 2014

LA NOCHE BUENA DE 1836.

La Nochebuena de 1836. Yo y mi criado. Delirio filosófico, es un artículo de Mariano José de Larra, publicado en El Redactor General, nº 42, a 26 de diciembre de 1836.

  Este artículo está basado  en la costumbre de las saturnales romanas, celebradas del día 17 al 23 de diciembre, tiempo en el que los campesinos y los esclavos domésticos descansaban. A ellos, durante estas fiestas, se les permitía decir la verdad a sus amos. Esta fiesta parece ser que fue siendo sustituida, una vez que los Cristianos llegaron al poder, por nuestra actual Navidad, a la que le quedaron  vestigios de la antigua tradición pagana.

 "Dos ojos brillaban como dos llamas fatídicas en frente de mí; no sé por qué misterio mi criado encontró entonces, y de repente, voz y palabras, y habló y raciocinó; misterios más raros se han visto acreditados; los fabulistas hacen hablar a los animales, ¿por qué no he de hacer yo hablar a mi criado? Oradores conozco yo de quienes hace algún tiempo no hubiera hecho una pintura más favorable que de mi astur y que han roto sin embargo a hablar, y los oye el mundo y los escucha, y nadie se admira.[...]


–Lástima –dijo la voz, repitiendo mi piadosa exclamación–. ¿Y por qué me has de tener lástima, escritor? Yo a ti, ya lo entiendo.


–¿Tú a mí? –pregunté sobrecogido ya por un terror supersticioso; y es que la voz empezaba a decir verdad."
  
El artículo desde un principio está bajo la sombra de la superstición. La verdad, que duele, le va a ser revelada al amo, a todos nosotros, porque lo que se nos descubre a través de esa "voz del infierno", no es mas que  la maldad del ser humano, su insensatez ycontradicciones. 

Una fiesta espiritual como es la del 24 de diciembre, se ha reducido a un puro consumismo de todo lo consumible. Todos intentan aparentar que son felices a ojos de los demás, pero la realidad íntima del ser humano es bien diferente, ya que la angustia es parte de nuestro ser.

El astur, un hombre servil y llano, comienza a decir la verdad. El amo, que se siente superior a él, manda a callar a un hombre borracho que dice lo que piensa:

 "-Escucha: tú vienes triste como de costumbre; yo estoy más alegre que suelo. ¿Por qué ese color pálido, ese rostro deshecho, esas hondas y verdes ojeras que ilumino con mi luz al abrirte todas las noches? ¿Por qué esa distracción constante y esas palabras vagas e interrumpidas de que sorprendo todos los días fragmentos errantes sobre tus labios?
 –Silencio, hombre borracho."

 Pero poco a poco, el discurso alcanza tal profundidad, que el criado parece haber sido poseído por algún ser de las tinieblas, capaz de entrar en la cabeza del amo y en su corazón, hasta el punto de que el  miedo y la desesperación se apoderan del amo:

"Tú buscas la felicidad en el corazón humano, y para eso le destrozas, hozando en él, como quien remueve la tierra en busca de un tesoro. Yo nada busco, y el desengaño no me espera a la vuelta de la esperanza[...] Confías tu tesoro a cualquiera por su linda cara, y crees porque quieres; y si mañana tu tesoro desaparece, llamas ladrón al depositario, debiendo llamarte imprudente y necio a ti mismo.
–Por piedad, déjame, voz del infierno.
 [...]Ten lástima ahora del pobre asturiano. Tú me mandas, pero no te mandas a ti mismo. Tenme lástima, literato. Yo estoy ebrio de vino, es verdad; pero tú lo estás de deseos y de impotencia..
  Un ronco sonido terminó el diálogo; el cuerpo, cansado del esfuerzo, había caído al suelo; el órgano de la Providencia había callado, y el asturiano roncaba. «¡Ahora te conozco –exclamé– día 24!"


 Es un relato fantástico, porque el propio autor nos situa en dos planos, el de la realidad y el de la ficción. A pesar de querer darlo por cierto, sabe que los demás lo van a vivir con extrañeza, y por eso hace la siguiente advertencia:

"En fin, yo cuento un hecho; tal me ha pasado; yo no escribo para los que dudan de mi veracidad; el que no quiera creerme puede doblar la hoja, eso se ahorrará tal vez de fastidio; pero una voz salió de mi criado, y entre ella y la mía se estableció el siguiente diálogo."

Quizás, como dice el título, solo fueran delirios de un filósofo, harto de ese tipo de vida vacía, donde la apariencias son mas importantes que la realidad.



No hay comentarios:

Publicar un comentario