lunes, 18 de agosto de 2014

EL APARECIDO





A diferencia de la literatura de lo maravilloso, prácticamente inexistente en España en el siglo XIX, donde  las situaciones anómalas vividas no se cuestionan porque solo existe un plano, en la literatura fantástica nos encontramos con dos.

En este caso, nos encontramos ante un cuento fantástico, porque el narrador manifiesta extrañeza, ante una serie de situaciones anómalas que va a ir justificando de un modo u otro. 

Es una literatura perseguida en España, porque va en contra de la moral católica, por eso, el narrador (el autor), nunca se hace responsable  de lo que cuenta, hasta tal punto es así, que ni siquiera fue firmado al publicarse en La Mariposa en 1839.

El autor para alejarse de la historia y eludir la responsabilidad de la misma, a parte de lo dicho ut supra, crea a  un primer narrador, quien deja testigo de la historia relatada por otro narrador, un anciano del lugar que sabía la historia, y usa fórmulas como: 

"Algún tiempo después corrió la voz de que se veía, a deshora un espectro[...]", "Un judío decía que había tenido una lucha terrible con él[...]" o "Una criada vieja que guardaba el edificio y el hortelano aseguraban que habían oído a alguno subir y bajar las escaleras a caballo."  

Una de las razones principales es el peso de la Inquisición. Este es el motivo de que un cuento en principio  fantástico, a causa de tener que ir justificando lo extraño racionalmente, pierda fuerza:

"...Se dio parte a la Inquisición, y cuatro familiares de ella se constituyeron en la ciudad, determinando que lo primero se averiguase si el señor de la vivienda había muerto en efecto[...] El tribunal de la Inquisición lo condenó a ser quemado."


Sobre el tema de los vampiros y las apariciones de espíritus,  solo existe en español una reflexión crítica del padre Feijoo en la Carta XX, del tomo IV de sus Cartas eruditas y curiosas. En ella expone, que en ciertos lugares como Hungría o Polonia, los vampiros tienen leyendas muy arraigadas, según Feijoo, fruto de la superstición del pueblo y no de la razón:

"[...] Algún embustero inventó esa patraña: otros le siguieron, y la esparcieron. Esparcida, inspiró un gran terror a las gentes. Aterrados los ánimos, no pensaban en otra cosa, sino en si venía algún Vampiro a chuparles la sangre, o torcerles el pescuezo; y puestos en ese estado, cualquiera estrépito nocturno, cualquiera indisposición, que les sobreviniese, atribuían a la malignidad de algún Vampiro. Supongo que algunos, y no pocos, advertidamente inventaban, y referían historias de Vampiros, dándose por testigos oculares de los hechos. [...]"

Se podría deducir, que todo lo ocurrido no es más que el castigo dado al protagonista por los grandes pecados  cometidos durante su vida y confesados por él al principio de la historia:


"Son muy grandes mis pecados, y Dios no me los perdonará jamás!..."

De esta manera, se justifica cualquier situación extraña, puesto que  la religión cristiana sí que concibe casos de posesiones por el diablo, de resurrecciones y castigos divinos.


Desde mi punto de vista, es bastante atractiva la ambigüedad con la que se relata la historia ¿sería un caso de posesión, un vampiro en toda regla a pesar de las trabas, un espíritu angustiado por los pecados, una historia fruto de la ignorancia y del miedo...?




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